domingo, 20 de julio de 2014

TODA UNA AVENTURA


Seguro te ha pasado que aunque no quieras, llega el día en que ese trámite ya no puede esperar más y necesitas ir al banco, pero no será en caja, ¡no! No se trata de algo rápido que te permita regresar pronto a tus actividades.

En esta ocasión lo que requieres es la atención de un ejecutivo de cuenta, que como ya es costumbre cuando llegas, para alcanzar esa deseada meta y poder sentarte al escritorio del ejecutivo a solicitar lo que quieres, ya hay cinco personas antes que tú y entonces tienes que hacer fila.

Y ¿por qué no? De los cuatro ejecutivos que debería haber, sólo hay dos, los otros nunca están, de todas las veces que has ido a esa sucursal jamás los has visto, quizá después de que los contrataron los abdujeron los extraterrestres; si no, no hay explicación, ¿por qué cuatro lugares si sólo hay dos personas para atender a la gente?

Así que tienes que esperar horas y horas, no sólo porque no hay suficiente personal sino porque pareciera que los que están con cada uno de los ejecutivos, en lugar de ser clientes son sus mejores amigos; los escuchas reír, platicar de su familia, de lo que hicieron por la mañana, bueno... realmente amena la conversación.

Y mientras esperas, llevas tanto tiempo ahí que termina llamándote la atención la pantalla que tienen transmitiendo comerciales de los productos que ofrece el banco: créditos, tarjetas, seguros; que al principio la verdad es que sí captan tu atención, comienzas a pensar: - ¡Ese comercial está bueno! -, - Este otro ¡está gracioso! -, -¡Ah! No tenía idea de que así podía funcionar un crédito hipotecario -, -No pues a lo mejor sí me conviene más comprar que rentar -, - ¿Y si tramito la tarjeta de crédito? -

Pero llega un momento en el que ese comercial que volteaste a ver y te causó gracia, ya pasó como “trescientas cincuenta veces” desde que te formaste, ¡tanto! Que te lo aprendiste y podrías repetirlo.

¡Ya es insoportable! Desearías que el banco tuviera más productos qué anunciar para no seguir escuchando los mismos o de plano te imaginas apagando la pantalla porque hasta dolor de cabeza tienes.

Ha ido avanzando la fila poco a poco y ahora ya sólo tienes una persona delante de ti, miras hacia un escritorio y luego al otro, y cuando crees que ya se va a levantar el cliente porque lo ves agarrar sus documentos, resulta que se vuelve a acomodar.

Crees que nunca se va a ir pero por fin se levanta y cuando la chica que está delante de ti va a pasar… se le mete en el camino una señora mayor malhumorada que acababa de llegar y se sienta para que la atiendan, ¡como si todos los formados fueran invisibles! Obviamente todos los de la fila se quejan, pero la “viejita” se sale con la suya y se va sin importarle nadie.

Finalmente logras ser el primero de la fila, gira el ejecutivo para decirte el esperadísimo – Pase por favor – . Y cuando te sientas frente a él para ser atendido, le pides lo que necesitas, teclea algo en su computadora, se queda pasmado, te mira de nuevo y dice: - ¡Ay señorita discúlpeme! ¿Qué cree? Justo se nos acaba de ir el sistema.

Seguro que alguna de estas cosas te ha sucedido, ¡sonríe! Tómalo como lo que son, detalles graciosos para contar. ¡Que tengas un excelente día!

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