Seguro te ha pasado que
aunque no quieras, llega el día en que ese trámite ya no puede esperar más y
necesitas ir al banco, pero no será en caja, ¡no! No se trata de algo rápido
que te permita regresar pronto a tus actividades.
En esta ocasión lo que
requieres es la atención de un ejecutivo de cuenta, que como ya es costumbre
cuando llegas, para alcanzar esa deseada meta y poder sentarte al escritorio
del ejecutivo a solicitar lo que quieres, ya hay cinco personas antes que tú y
entonces tienes que hacer fila.
Y ¿por qué no? De los
cuatro ejecutivos que debería haber, sólo hay dos, los otros nunca están, de
todas las veces que has ido a esa sucursal jamás los has visto, quizá después
de que los contrataron los abdujeron los extraterrestres; si no, no hay
explicación, ¿por qué cuatro lugares si sólo hay dos personas para atender a la
gente?
Así que tienes que
esperar horas y horas, no sólo porque no hay suficiente personal sino porque
pareciera que los que están con cada uno de los ejecutivos, en lugar de ser
clientes son sus mejores amigos; los escuchas reír, platicar de su familia, de
lo que hicieron por la mañana, bueno... realmente amena la conversación.
Y mientras esperas,
llevas tanto tiempo ahí que termina llamándote la atención la pantalla que
tienen transmitiendo comerciales de los productos que ofrece el banco:
créditos, tarjetas, seguros; que al principio la verdad es que sí captan tu
atención, comienzas a pensar: - ¡Ese comercial está bueno! -, - Este otro ¡está
gracioso! -, -¡Ah! No tenía idea de que así podía funcionar un crédito
hipotecario -, -No pues a lo mejor sí me conviene más comprar que rentar -, -
¿Y si tramito la tarjeta de crédito? -
Pero llega un momento en
el que ese comercial que volteaste a ver y te causó gracia, ya pasó como
“trescientas cincuenta veces” desde que te formaste, ¡tanto! Que te lo
aprendiste y podrías repetirlo.
¡Ya es insoportable!
Desearías que el banco tuviera más productos qué anunciar para no seguir
escuchando los mismos o de plano te imaginas apagando la pantalla porque hasta
dolor de cabeza tienes.
Ha ido avanzando la fila
poco a poco y ahora ya sólo tienes una persona delante de ti, miras hacia un
escritorio y luego al otro, y cuando crees que ya se va a levantar el cliente
porque lo ves agarrar sus documentos, resulta que se vuelve a acomodar.
Crees que nunca se va a
ir pero por fin se levanta y cuando la chica que está delante de ti va a pasar…
se le mete en el camino una señora mayor malhumorada que acababa de llegar y se
sienta para que la atiendan, ¡como si todos los formados fueran invisibles!
Obviamente todos los de la fila se quejan, pero la “viejita” se sale con la
suya y se va sin importarle nadie.
Finalmente logras ser el
primero de la fila, gira el ejecutivo para decirte el esperadísimo – Pase por
favor – . Y cuando te sientas frente a él para ser atendido, le pides lo que
necesitas, teclea algo en su computadora, se queda pasmado, te mira de nuevo y
dice: - ¡Ay señorita discúlpeme! ¿Qué cree? Justo se nos acaba de ir el sistema.